Menu

La escuela se vacía: el ausentismo ya supera el 50% y enciende alarmas en Buenos Aires

Lic. Fernando Bonforti
Lic. Fernando Bonforti
Director de FB Educación & Gestión

El ausentismo escolar dejó de ser un problema aislado para convertirse en una señal de alarma. En Argentina, más de la mitad de los estudiantes del último año del secundario falta al menos 15 días al año. Y la Provincia de Buenos Aires aparece entre las jurisdicciones más afectadas. El dato no es menor: en apenas dos años, el porcentaje pasó del 44% al 51%. Pero más allá del número, lo que preocupa es la tendencia. La falta a la escuela ya no es excepcional. Se volvió parte del funcionamiento del sistema.

La escuela se vacía: el ausentismo ya supera el 50% y enciende alarmas en Buenos Aires


Campana
11 de Abril de 2026

Durante años, el ausentismo fue leído como un problema de conducta: estudiantes que “no querían ir”. Hoy esa explicación quedó vieja. Las causas son mucho más complejas: problemas de salud, dificultades económicas, trabajo temprano, responsabilidades familiares y, también, una pérdida de sentido de la escuela. En muchos casos, la escuela compite con urgencias más inmediatas: cuidar hermanos, acompañar situaciones familiares críticas o salir a generar ingresos. En ese contexto, la asistencia pierde centralidad. Cuando más de la mitad de los estudiantes falta, el problema deja de ser individual. Pasa a ser estructural.

Buenos Aires, en el centro del problema

Si bien el fenómeno se registra en todo el país, no impacta de la misma manera en todas las provincias. Buenos Aires concentra la mayor cantidad de estudiantes del país, y por eso lo que ocurre en su sistema educativo marca tendencia. Los niveles de ausentismo no son una excepción: son un indicador de lo que está pasando a escala nacional. Además, la magnitud del sistema bonaerense hace que cualquier deterioro tenga efectos multiplicadores: lo que pasa en sus escuelas impacta directamente en millones de trayectorias educativas.

El “abandono en cuotas”

Uno de los cambios más importantes es cómo se produce el abandono escolar. Ya no se trata, en la mayoría de los casos, de una decisión abrupta. Es un proceso. Un estudiante que falta lunes y martes vuelve el miércoles sin continuidad, llega tarde el jueves y el viernes ya no asiste. Semana a semana, el vínculo con la escuela se debilita hasta romperse. A esto se lo empieza a llamar “abandono en cuotas”. Cada falta no es neutra: acumula retrasos, genera desconexión y debilita el sentido de pertenencia. Cuando el estudiante intenta volver, muchas veces ya está desfasado del grupo, de los contenidos y del ritmo escolar. El problema ya no es que algunos estudiantes se van. Es que el sistema dejó de poder sostener a la mayoría.

Falta de datos y respuestas fragmentadas

A la gravedad del fenómeno se suma otro problema: la falta de información precisa. Argentina todavía no cuenta con un sistema integral que permita medir el ausentismo de manera clara y sostenida. Esto dificulta el diseño de políticas efectivas y la intervención temprana. Sin datos sistemáticos, las respuestas suelen llegar tarde o no llegar. Y cuando llegan, muchas veces lo hacen de manera aislada, sin articulación entre niveles del Estado. En paralelo, la política educativa nacional aparece desdibujada. La ausencia de estrategias sostenidas deja a las provincias - y especialmente a Buenos Aires - sosteniendo en soledad un sistema cada vez más tensionado.

El riesgo de las explicaciones fáciles

En redes y medios, crecen las miradas simplistas: falta de esfuerzo, crisis de autoridad, desinterés juvenil. Muchas veces, incluso, se pone el foco en los docentes, como si la falta de motivación o la pérdida de centralidad de la escuela dependieran exclusivamente de lo que ocurre en el aula. Pero reducir el problema a esa dimensión no solo es incorrecto: también es funcional. Porque permite evitar una discusión más profunda sobre las condiciones sociales, económicas y políticas que atraviesan a la escuela. El ausentismo no se explica por una falla individual. Se explica por un sistema que dejó de garantizar condiciones de sostenimiento.

Una escuela que ya no puede sola

Las escuelas hoy no solo enseñan. También contienen, acompañan y cubren múltiples funciones sociales. En muchos barrios, la escuela es uno de los pocos espacios de referencia institucional. Pero esa centralidad convive con límites cada vez más evidentes. Docentes y directivos advierten que sostener la asistencia se volvió uno de los principales desafíos cotidianos. No se trata solo de enseñar, sino de reconstruir vínculos y sostener trayectorias frágiles. Pero hay un límite claro: la escuela no puede resolver en soledad problemas que son estructurales. Exigirle que lo haga sin acompañamiento estatal no solo es injusto. Es, además, ineficaz.

La pregunta de fondo

El crecimiento del ausentismo abre un interrogante más profundo: ¿Qué lugar ocupa hoy la escuela en la vida de los jóvenes? Durante décadas, la escuela fue una institución central. Hoy ese lugar aparece en disputa. Cuando asistir deja de ser una prioridad, cuando la experiencia escolar pierde sentido o deja de ofrecer horizontes, el problema deja de ser solo educativo. Pasa a ser un problema de legitimidad.

Lo que está en juego

Cada estudiante que falta de manera reiterada es una trayectoria en riesgo. Y cada trayectoria interrumpida amplía la desigualdad. La educación fue históricamente una herramienta de movilidad social. Cuando esa función se debilita, lo que se resiente es el tejido social en su conjunto. No se trata solo de contenidos perdidos. Se trata de oportunidades que no vuelven.

Un desafío urgente

El desafío no es solo que los estudiantes vuelvan a la escuela. Es reconstruir las condiciones que hagan posible sostener esa presencia en el tiempo. Eso implica políticas públicas sostenidas, sistemas de información confiables, dispositivos de acompañamiento territorial y una escuela que pueda volver a generar sentido. Pero, sobre todo, implica una decisión política: volver a poner a la educación en el centro.

Cierre

Cuando más de la mitad de los estudiantes falta, el problema ya no es educativo. Es social, político y urgente. Porque la escuela no se vacía sola. Se vacía cuando deja de ser sostenida. Y cuando eso pasa, lo que está en juego no es solo la educación. Es el futuro.

Compartí en tus redes




Otras notas de Lic. Fernando Bonforti

Cuando el sistema llega tarde: una alerta que también interpela a la región

Educación

Cuando el sistema llega tarde: una alerta que también interpela a la región

El asesinato de un estudiante en una escuela de Santa Fe vuelve a poner en foco una preocupación creciente: la dificultad del sistema para intervenir a tiempo ante conflictos que, en muchos casos, ya eran conocidos. Lejos de ser un hecho aislado, la situación abre interrogantes que también alcanzan a las escuelas de la región.

El sistema educativo en piloto automático

Educación

El sistema educativo en piloto automático

Sin escenas de colapso ni crisis visibles, una lógica silenciosa se expande en el sistema educativo: la de sostener el funcionamiento aun cuando los aprendizajes se debilitan. La escuela sigue en marcha, pero cada vez más atravesada por una dinámica que la empuja a operar “como si” todo estuviera ocurriendo como debería.

Formación docente: el debate de fondo no es sólo cómo evaluar, sino qué sistema se quiere construir

Educación

Formación docente: el debate de fondo no es sólo cómo evaluar, sino qué sistema se quiere construir

La discusión sobre la formación docente volvió a instalarse con fuerza en la agenda educativa nacional. Pero detrás de las palabras “calidad”, “acreditación” y “modernización”, se abre una pregunta mucho más profunda: si realmente se busca fortalecer a los institutos y mejorar la preparación de los futuros docentes, o si se avanza hacia un esquema cada vez más centrado en el control, la estandarización y la supervisión administrativa.

Educación argentina: debates abiertos y desafíos que atraviesan al sistema

Educación

Educación argentina: debates abiertos y desafíos que atraviesan al sistema

Financiamiento, alfabetización, cambios tecnológicos y reformas educativas forman parte de la agenda que volvió a poner a la educación en el centro del debate público. Especialistas coinciden en que el sistema enfrenta desafíos estructurales que requieren políticas sostenidas en el tiempo.

Escuela estatal y escuela privada: un debate mal planteado

Educación

Escuela estatal y escuela privada: un debate mal planteado

El debate acerca de la educación pública versus la gestión privada suele reducirse a una disputa superficial. Sin embargo, evaluar rendimientos ignorando los entornos particulares es una manera de eludir el problema central: las brechas estructurales que atraviesan la enseñanza en Argentina y el deber estatal de asegurar entornos pedagógicos adecuados.