Cómo Psicopedagoga presentó este análisis clínico centrado en el valor del error dentro del proceso de aprendizaje. Demostrando que el mismo no constituye una “falla” o “déficit” sino una ventana al funcionamiento cognitivo del niño para orientar una verdadera intervención.
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5 de Junio de 2026
En la práctica psicopedagógica, muchas veces la mirada se centra en el resultado: cuántas respuestas correctas obtuvo un niño, en qué percentil se ubica, si alcanza o no lo esperado para su edad. Sin embargo, hay un aspecto igual —o incluso más— relevante que suele quedar en segundo plano: el error.
Lejos de ser una “falla” o un indicador de déficit, el error es una ventana al funcionamiento cognitivo. Nos permite observar cómo piensa el sujeto, qué estrategias utiliza, dónde se detiene y cómo responde ante la dificultad.
Cuando analizamos una evaluación psicopedagógica desde esta perspectiva, comenzamos a diferenciar distintos tipos de errores. No es lo mismo un error impulsivo —donde el niño responde rápidamente sin procesar la consigna— que un error por dificultad en la comprensión, o aquel que aparece por una sobrecarga en las funciones ejecutivas, como la memoria de trabajo o la planificación. Cada uno de estos errores tiene un valor distinto y orienta intervenciones específicas.
Por ejemplo, un niño que comete errores por impulsividad puede necesitar trabajar en la inhibición de respuestas y el control atencional. En cambio, si los errores están vinculados a dificultades en la comprensión, será necesario revisar cómo accede al lenguaje y cómo construye significado. El mismo resultado incorrecto puede tener causas muy diferentes, y es allí donde el análisis cualitativo cobra sentido.
Además, observar el error nos permite ir más allá de la clásica etiqueta de “no sabe”. Muchas veces, el niño sí posee los conocimientos, pero no logra sostener el proceso necesario para llegar a la respuesta correcta. Aparecen entonces dificultades en la autorregulación, en la persistencia o en la tolerancia a la frustración.
Desde esta mirada, el foco deja de estar únicamente en el contenido y se desplaza hacia el proceso.
Otro aspecto clave es cómo el niño se vincula con el error. ¿Se frustra rápidamente? ¿Intenta corregirse? ¿Busca ayuda? ¿Evita la tarea? Estas respuestas también forman parte del perfil psicopedagógico y aportan información valiosa sobre su estilo de aprendizaje y su relación con el aprendizaje.
Incorporar el análisis del error en la evaluación no solo enriquece el diagnóstico, sino que también transforma la manera en que devolvemos la información a las familias y a la escuela. Permite construir una narrativa menos centrada en el déficit y más orientada a la comprensión: no se trata de lo que “no puede”, sino de cómo podemos ayudarlo a que lo logre.
En definitiva, el error deja de ser un punto final para convertirse en un punto de partida.
Este marco de análisis psicopedagógico cualitativo resulta fundamental para transformar los abordajes educativos en los colegios de la ciudad de Campana, extendiendo sus criterios hacia instituciones del partido de Zárate en la provincia de Buenos Aires. La articulación de estas estrategias busca proveer herramientas prácticas a los equipos de orientación escolar, docentes de grado y profesionales de la salud local en cada barrio de la comuna para reemplazar las etiquetas diagnósticas por un verdadero acompañamiento en el proceso de aprendizaje infantil.
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