En esta nota, te invito a reflexionar sobre cómo los vínculos nos transforman, qué proyectamos en el otro y cuánto de lo que deseamos se corresponde con la realidad. A través de Venus retrógrada en Escorpio, exploraremos el deseo, la reciprocidad y las transformaciones que surgen en nuestros encuentros.
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9 de Octubre de 2026
"El encuentro de dos personas es como el contacto entre dos sustancias químicas; si hay alguna reacción, ambas se transforman".
Esta frase atribuida a Carl Gustav Jung nos invita a pensar en algo esencial de la experiencia vincular: cuando nos encontramos verdaderamente con otro, algo puede modificarse en nosotros. Cambia nuestra percepción, se movilizan aspectos que desconocíamos, aparecen preguntas y, a veces, dejamos de ser quienes éramos antes de ese encuentro.
Desde la astrología, Venus en Escorpio nos propone explorar precisamente esa dimensión de los vínculos: el deseo, la intimidad, la vulnerabilidad y aquello que se transforma cuando nos involucramos profundamente con otra persona.
Venus retrógrada: revisar aquello que deseamos y valoramos
Venus ingresó en Escorpio el 10 de septiembre y el 3 de octubre de 2026 comenzará su movimiento retrógrado, que se extenderá hasta el 14 de noviembre. Durante este período, Venus regresará a Libra el 25 de octubre, signo del que es regente. En astrología, Venus representa simbólicamente nuestros vínculos, el deseo, el placer, los valores y aquello que consideramos valioso. Su retrogradación es un tiempo de revisión: una invitación a reconsiderar cómo nos relacionamos, qué esperamos de los demás, qué estamos dispuestos a dar y recibir, y qué lugar ocupamos en los acuerdos que construimos.
En septiembre, mientras Venus transitaba Escorpio en movimiento directo, estas preguntas ya podían comenzar a tomar forma. Con la retrogradación, la invitación es a volver sobre ellas, no necesariamente para tomar una decisión inmediata, sino para comprender qué nos está pasando y qué necesitamos revisar.
El regreso a Libra vuelve a poner el foco en el encuentro con el otro, la reciprocidad y la búsqueda de acuerdos. Pero antes de pensar qué necesitamos negociar con alguien más, quizás sea necesario revisar nuestras propias expectativas, deseos y valores.
Escorpio: el encuentro como experiencia transformadora
Escorpio lleva a Venus a un territorio más profundo. En la astrología vincular, podemos pensar esta experiencia desde la dinámica de Eros: el encuentro entre dos personas que, a través del deseo y la intimidad, pueden transformarse mutuamente.
El otro funciona como un espejo que nos confronta con partes propias que quizás no veíamos o no queríamos mirar. En el encuentro pueden aparecer nuestras vulnerabilidades, nuestros temores, nuestras defensas y también aspectos de nosotros mismos que permanecían desconocidos.
La potencia de ese encuentro reside en la posibilidad de transformarnos. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre permitir que el vínculo nos transforme y pretender transformar al otro.
Cuando reconocemos el potencial de una persona, podemos enamorarnos también de aquello que imaginamos que podría llegar a ser. Comenzamos a proyectar expectativas, a anticipar posibilidades y a relacionarnos no solamente con quien tenemos delante, sino también con una versión idealizada de esa persona.
Entonces, cabe preguntarnos: ¿estoy encontrándome con quien el otro es o con quien imagino que podría llegar a ser?
Esta pregunta no invalida la capacidad de imaginar, desear o reconocer posibilidades. La imaginación también es una potencia creadora. El problema aparece cuando la posibilidad ocupa el lugar de la realidad y comenzamos a sostener un vínculo a partir de aquello que esperamos que suceda, en lugar de reconocer lo que efectivamente está sucediendo.
Podemos quedar tan aferrados a lo que una relación podría llegar a ser que dejamos de ver qué estamos pudiendo construir hoy.
Perséfone y el descenso al inframundo
El mito de Perséfone nos ofrece una imagen simbólica para comprender esta experiencia. Su descenso al inframundo representa el ingreso a un territorio desconocido, una experiencia que modifica su percepción y que transforma su manera de estar en el mundo.
Hay encuentros que se parecen a ese descenso: nos llevan a lugares internos que no conocíamos, movilizan nuestras certezas y nos confrontan con aspectos de nosotros mismos que ya no podemos ignorar. Cuando regresamos a la superficie, algo ha cambiado.
Desde el tarot, esta experiencia dialoga simbólicamente con el Arcano XIII, La Muerte. No necesariamente porque una relación tenga que terminar, sino porque un encuentro profundo puede hacer que una forma de nosotros mismos ya no pueda continuar siendo la misma.
Quizás muera una expectativa, una manera de vincularnos, una imagen de nosotros mismos o una forma de entender el amor. También puede transformarse la manera en que percibimos al otro y aquello que esperamos de una relación.
Pero la muerte simbólica no representa solamente una pérdida. También puede abrir la posibilidad de una nueva percepción, de una forma diferente de relacionarnos o de reconocer que aquello que imaginábamos no coincide con lo que realmente existe.
La reciprocidad: encontrarnos como pares
Un vínculo puede ser intenso, profundo y transformador, pero para construirse necesita de la participación de quienes lo integran.
La transformación que propone el encuentro no puede recaer en una sola persona. No se trata de que uno sostenga, sane, espere o acompañe mientras el otro permanece en el lugar de quien recibe. Hay una diferencia entre acompañarse en los procesos y asumir la responsabilidad por el proceso del otro.
Encontrarse implica también reconocerse como pares: dos personas con sus propias historias, deseos, heridas y límites, capaces de participar activamente en la construcción del vínculo, sin que una tenga que ocupar el lugar de guía, salvadora o terapeuta de la otra.
La reciprocidad implica reconocer que somos dos personas, con historias, deseos, heridas y límites propios, capaces de participar en la construcción de algo común sin que ninguna tenga que convertirse en terapeuta de la otra.
Un vínculo puede tener muchísimo potencial y, aun así, no encontrar las condiciones necesarias para desarrollarse. Puede movilizarnos profundamente sin convertirse en la relación que imaginamos.
La retrogradación de Venus nos invita a volver sobre nuestros deseos, valores, expectativas y vínculos. Quizás la pregunta no sea solamente qué queremos de los demás, sino qué información nos traen los encuentros con otros sobre nosotros mismos, sobre quienes tenemos delante y sobre la forma en que estamos construyendo nuestros vínculos.
Porque cada encuentro puede mostrarnos algo: una expectativa, un límite, una necesidad, una forma de vincularnos que ya no nos representa o una manera diferente de encontrarnos con los demás. ¿Qué está mostrando este encuentro sobre mí? ¿Qué estoy pudiendo ver del otro? ¿Y qué estamos construyendo, realmente en vínculo?
La astrología vincular ofrece una mirada simbólica sobre las relaciones, el deseo y la transformación personal. Desde esta perspectiva, Venus retrógrada en Escorpio durante 2026 invita a revisar los vínculos, las expectativas y la reciprocidad, con preguntas que pueden resonar en la vida cotidiana de quienes viven en Campana y en toda la provincia de Buenos Aires.
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