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No todo perro que muerde es agresivo: cómo entender el lenguaje corporal de nuestro animal

Torah Educación Canina
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Servicio de educación canina

Entender el lenguaje corporal de nuestro animal de compañía forma parte de la tenencia responsable que como base tiene el bienestar general; por eso, desde mi espacio en Torah Educación Canina, presento esta escala de señales físicas y emocionales para evitar mordidas que contribuyen al abandono, la eutanasia o el maltrato animal.

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No todo perro que muerde es agresivo: cómo entender  el lenguaje corporal de nuestro animal


Campana
5 de Junio de 2026

Entender el lenguaje corporal de nuestro animal de compañía forma parte de la tenencia responsable que como base está el bienestar general.

Hoy nos vamos a enfocar en lo emocional para evitar mordidas que contribuyen al abandono, eutanasia, devolución de adopciones o maltrato animal.

Hay múltiples señales que son ignoradas a causa del desconocimiento por parte de los tutores, vamos a mencionarlas para que las podamos identificar, respetar y entenderlos.

Hay una “escala/pirámide de agresividad” que comienza con señales de calma, las mismas son claves ya que si se trasgreden avanzan hacia una nueva forma de comunicar con señales de incomodidad que irán aumentando, demostrando señales defensivas/alerta como próximo paso podremos visualizar diferentes posiciones de rigidez e inmovilización, esta serie de identificadores físicos darán consecuencia a los gruñidos y por último a la mordida.

Las mismas pueden ir acompañadas de diferentes contextos, por eso es importante discernir los momentos cruciales o patrones repetitivos en las cuales las identificamos.

Las demostraciones físicas en la escala/pirámide de agresividad irán aumentando a medida que no están siendo percibidas/acatadas.

Muchas de ellas no son muy perceptibles ante los ojos de los humanos.

¿Cómo identificarlas?

Las señales más pacíficas e imperceptibles:

  • Bostezos (fuera del marco de descanso/siesta)
  • Relamerse: pasan su lengua de lado a lado de sus labios.
  • Parpadear “en cámara lenta” / Ojos de ballena: cara de “Yo no fui”.
  • Girar la cabeza.

Las señales más vistas ignoradas:

  • Girar el cuerpo completo.
  • Ponerse panza para arriba.
  • Arrugar laterales de los labios, "sonrisa"
  • Alejarse / irse.
  • Agazaparse.
  • Acechar.
  • Piloerección.

Las señales más comunes y castigadas:

  • Ladrar
  • Rigidez muscular.
  • "Morder al aire”.
  • Arrugar nariz.
  • Gruñir.

Consecuencia: Cuando todas éstas son ignoradas el animal las elimina de su repertorio comunicacional and procederá a MORDER.

¿Bajo qué contextos pueden demostrar las señales mencionadas?

  • En reiterativos momentas desagradables/incomodos.
  • Ante estímulos estresores: tales como exceso de ruido, amplio flujo de personas/niños/perros.
  • Momentos de miedo.
  • Ante la presencia de extraños.
  • Invasión/exceso de manipulación.
  • Protección de recursos (defender aquello que cree de alto valor)
  • Defensa.
  • Inhibición constante.
  • Secuelas/trauma de maltrato.
  • Dolencias físicas / enfermedades autoinmunes, cardiacas o tumores.
  • Falta/exceso de socialización.

Todas estas situaciones pueden contribuir al estrés crónico/ansiedad que empeoren la intensidad de las demostraciones.

¿Debo retarlo cuando gruñe?

Es importante remarcar que no se debe castigar al animal por gruñir o demostrar las señales de incomodidad/alerta ya que, al no poder identificarlas de manera anteriormente en los momentos cruciales, procederá a morder sin previo aviso.

¿Como abordar situaciones de alta complejidad donde el animal ya mordió?

Recurrir a un profesional es la mejor opción para disminuir riesgos.

El mismo podrá identificar el patrón/motivo de la reacción será el objetivo principal. El siguiente paso será descartar problemas de salud y generar un vínculo de seguridad (tutor).

Utilizar herramientas como “bozal” es indispensable pero no utilizamos cualquiera de uso comercial, implementamos marcas como “Alpha Zeus” “Baskerville” donde le permiten al animal jadear, acceder premios y tomar agua con normalidad, el material de este es de goma termoplástica que dará la flexibilidad para moldearlo con agua caliente y que pueda adaptarse a su estructura anatómica, así proporcionamos la comodidad y máxima seguridad durante el periodo de educación. Entendiendo que se realiza una habituación al mismo para no colocárselo a la fuerza bajo ningún punto.

Marcar “reglas de convivencia” sostenidas en el tiempo para no generar incongruencias en la mente del animal y bajar exposición.

Los ejercicios corresponderán acorde a cada situación y la posibilidad de gestión del animal, el estilo de vida y de la predisposición de sus tutores.

No se necesita de métodos aversivos o ser de “gran porte” para abarcar situaciones como estas.

NO HAY “ALFAS” ¡Un mito menos!

El etólogo David L. Mech popularizo el concept del “ALFA” en la década del 70 donde el mismo aseguraba que cuyos lobos en cautiverio predominaba la dominancia. Al pasar algunos años corrigió su propia teoría asegurando que la semejanza de liderazgo era similar a la del “árbol genealógico” de los humanos, es decir, una organización que contribuye a la cooperación como si fueran “padres” de la manada.

Refutemos el mito instalado, donde hay que relacionarse con nuestros animales de compañía en base a autoridad y mando, donde predominan los excesos de limites esperando que el perro se comporte como un soldado.

No estudios que afirmen que hay razas con mayor inclinación o tendencia a la agresividad. Desde la racionalidad básica si hay perros con la mordida más potente que otros consecuente a su morfología. Si puede existir la posibilidad de que en algunos casos los perros tengan la predisposición de hereditaria del temperamento, pero la construcción del carácter es conformando por las experiencias de vida de este, ósea que la mayor responsabilidad siempre sigue siendo del tutor ya que no es un marco único genético para que el animal muerda.

Prevención y pautas de bienestar

¿Qué cosas debemos tener en cuenta para disminuir el riesgo de incomodidad del animal?

  • Comida adecuada.
  • Agua a disposición.
  • Actividades de masticación.
  • Habitar en un ambiente limpio.
  • Acceso a juguetes que si pueda romper.
  • Lugar seguro de descanso.
  • Chequeos anuales por enfermedades/dolencias.
  • Paseos diarios y tranquilos en contacto con la naturaleza (espacios verdes y correas largas).
  • Buenas/neutras experiencias de socialización desde sus 3 semanas de vida a 5 meses.
  • No dejar que los niños lo manipulen como juguete y mucho menos dejarlos solos sin supervisión.
  • No excedernos en manipulación si al animal no le gusta.
  • No vincularnos en base al reto constante.
  • No amenazarlo generando miedo.
  • Evitar exposición constante a rejas/balcones/techos.
  • Evitar vestirlo si al animal le disgusta.

Podemos contribuir al bienestar cuidando sus emociones y generando tal vinculo que como base haya entendimiento mutuo, ayudándolo a generar herramientas emocionales que le proporcionen resolución, confianza y una buena gestión del entorno para no sentir que la mordida es la única forma viable para evadir algunas situaciones.

Este informe sobre pautas de conducta canina y desmitificación de la agresividad resulta fundamental para promover la sanidad animal en los hogares de la ciudad de Campana, extendiendo su alcance preventivo hacia los partidos vecinos de la provincia de Buenos Aires. A través de las herramientas pedagógicas y el asesoramiento que brindo desde Torah Educación Canina, busco trabajar de manera conjunta con la comunidad local, centros veterinarios y los vecinos de cada barrio de la comuna para consolidar espacios urbanos de convivencia segura y tenencia responsable.

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